Nuestro pasado es el enemigo número uno de la Innovación.

Dedicado al ya fallecido filósofo Jiddu Krishnamurti.

Durante años hemos dedicado nuestra formación a acumular conocimientos, hemos asistido a numerosas asignaturas, matemáticas, filosofía, química, etc. Gran parte del aprendizaje ha consistido en memorizar infinidad de principios, teorías, técnicas y hechos que ya han tenido lugar, fórmulas para realizar cálculos, tablas para combinar elementos y un sinfín de información en masa. A todo esto le hemos llamado aprender, pero en la educación aún estamos muy lejos de saber aprender, el arte de la duda y la investigación.

Este condicionamiento basado en la acumulación de información, métodos y técnicas, es ahora un lastre para enfrentarnos a la incertidumbre, es decir, a la innovación. No estamos hablando de los conocimientos más técnicos, es evidente que para conducir un vehículo, he de aprender como funciona, si tengo que diseñar una hoja de cálculo, tendré que aprender a usar Excel. Pero existe una cantidad de información basada en el condicionamiento humano, como son nuestros éxitos o fracasos, creencias, vínculos afectivos, dependencias profesionales y personales, preferencias políticas y religiosas, experiencia adquirida en la profesión, influencias documentales y humanas en nuestra memoria que intervienen cuando nos relacionamos con una persona-objeto-proyecto o simplemente un desafío profesional impidiendo que tengamos una relación directa, limpia y creativa.

“Uno no puede prestar atención a lo que se dice si está interpretándolo, traduciéndolo o comparándolo con lo que ya conoce.” – Jiddu Krishnamurti

Cuantas veces hemos estado en un brainstorming creativo donde se han expuesto ideas y hemos escuchado: “No funcionará, eso ya lo hicimos hace un par de años y fué un fracaso”, o ante una idea de negocio; “¡Podríamos montar un videoclub!”, respuesta: “Los videoclubs están cerrando, ya nadie alquila películas”. Existen muchísimas situaciones que no se basan en la acción, sino en la reacción. Nuestro condicionamiento nos impide relacionarnos directamente con el desafío y afrontarlo de un modo nuevo.

“Para crear algo totalmente nuevo, tienes que volver a empezar, y si te esfuerzas de verdad, consigues desconectar del pasado.” Jefe de Diseño Apple MacBook Pro Retina

Para desconectar del pasado ¿es suficiente con ser humilde?, sería un buen comienzo, pero reconocer cuales son nuestras limitaciones y estar abiertos a colaborar sólo nos convierte en humildes expertos predispuestos a mejorar. Por ello, cuando los profesionales y las empresas nos adentramos en la incertidumbre profesional de la innovación no nos despegamos completamente de lo que ya conocemos. Trabajamos las ideas dentro del campo de lo conocido, queremos viajar hasta donde nadie ha llegado nunca, utilizando las carreteras convencionales.
Las ideas más disruptivas acaban llegando de la mano de personas que no están en contacto directo con nuestra profesión o nuestro negocio. Les planteas tu problema o un desafío y te sorprenden con algo nuevo, por que no están viciadas con nuestro día a día cegador, visualizan el problema desde un punto de vista nuevo y aplican su inteligencia creativa y práctica.

“La comparación no trae comprensión; la comparación es otra forma de distracción, así como el juicio es evasión. Para que la verdad sea, la mente tiene que estar sin comparar y sin evaluar.” – Jiddu Krishnamurti

Una corta reflexión hacia esta última e interesante cita de J.K. ¿A que se refiere con la distracción y la evasión?
Tomando como guía uno de los ejemplos anteriores, si planteamos la creación de un videoclub, rápidamente buscamos en la memoria una resolución al desafío. Comparamos la idea con la certeza más próxima (una experiencia propia o referenciada por otros), tanto si la visión es negativa “ya nadie alquila películas” como si es positiva “es un filón, todo el mundo acude al videoclub los fines de semana”, esta se convierte en una distracción que nos aleja del espacio creativo que nos permite desarrollar y madurar la idea. Y finalmente o de forma simultánea, emitimos un “juicio” sobre su viabilidad, que clasifica y archiva la idea a buen recaudo.

Estamos continuamente comparando, el cordero que comemos hoy con el que nos sirvieron la última vez, el trabajo y la remuneración que tenemos con el que tuvimos anteriormente, los proyectos que iniciamos ahora con los que ya dejamos atrás o los que hacen otros.

Los profesionales que trabajamos en el descubrimiento de nuevos caminos, debemos evitar distraernos y emitir juicios de valor de forma prematura, se debe estar en una alerta constante para impedir que lo viejo, destruya lo nuevo.

Autor: David Cánovas.

 

5 comentarios
  1. Eloy
    Eloy Dice:

    “Queremos viajar hasta donde nadie ha llegado nunca, utilizando las carreteras convencionales…” Cánovas + Krishnamurti = fantástico post, influyente blog de visita obligada 😉 Me encanta, enhorabuena!

  2. alvaro ellakuría Æ (@alvareld)
    alvaro ellakuría Æ (@alvareld) Dice:

    Interesante post. Lo nuevo es un cambio respecto a lo anterior y es lógico que tenga que tener la suficiente potencia para compensar la fuerza inmanente de lo ya establecido. Porque los humanos tendemos a ser conservadores quizá porque nos proporciona seguridad. Es por eso que en las estados de crisis, donde las certezas pierden peso, la innovación despega.

  3. @pjmelian
    @pjmelian Dice:

    El aprendizaje de los errores sin comparativas, mejora una idea o proyecto llevándola a una perspectiva diferente, única y absolutamente nueva, donde la incertidumbre de lo desconocido genera valor agregado. Me encanta tu punto de vista, serías
    un gran complemento de una mesa redonda

  4. Carlos
    Carlos Dice:

    Un poco simple. El pasado existe. Una cosa es dejarse atenazar por él y otra cosa es no comprender que si quieres innovar y cambio, debes hacer palanca contra la resistencia, no ir contra ella. Una cosa es crear, y la otra implantar. Para crear necesitas suspender los recuerdos, hacer como que el pasado no existe. Para implantar tienes que convertir el pasado en tu aliado. Un gran ejemplo de innovación fue el proyecto SeniorLab de Citlab: nadie apostaba porque los mayores -el pasado- pudieran innovar. Lo hicieron mejor que los jóvenes porque tenían menos esquemas preconcebidos y una enormes ganas de ser útiles.

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