Innovación en el sector inmobiliario. Efecto túnel y modelo de negocio. Publicado en @LaVerdad_es

Con motivo de la celebración del 2º #CaféVivienda escribí este artículo motivado por una petición expresa de la Agencia H a raíz de mi ponencia en el evento. El diario La verdad finalmente lo publicó en su suplemento de Economía el día 27 de Junio con el título: Sí hay vida en el sector inmobiliario: El efecto túnel. Como sólo era posible leer el artículo comprando el diario ese día, he querido compartirlo con vosotros en el blog:

El efecto tunel en la innovaciónLa industria del ladrillo está más activa que nunca, pero quizás el término “ladrillo” sea hoy una referencia obsoleta, ¿verdad? En esta nueva era, en la que nuestra sociedad vive cambios a gran escala y, por medio de la incertidumbre, es más consciente de todo cuanto le rodea, cada ciudadano reflexiona sobre aquellas decisiones que determinarán su futuro.

Pero en un sector como el inmobiliario, el efecto túnel que produjo la especulación, caló tanto que no estamos dispuestos a cambiarlo. Hoy seguimos pensando que lo único que merece la pena en nuestro negocio es producir y vender viviendas. Aún no hemos aprendido a convertir nuestra profesión en un negocio sostenible, algo que sin embargo otras industrias como la farmacéutica y la tecnológica controlan desde hace años. Si la oferta es mayor que la demanda, como sucede en la actualidad, damos salida a los inmuebles a precio de saldo; si la demanda supera a la oferta, generamos un ecosistema de inversión con retornos a corto plazo, como si fuese un mercado de valores. No nos engañemos, la gran mayoría esperamos, mirando de reojo, que la balanza se vuelva a inclinar.

Bancos, promotores e inmobiliarias aún están muy lejos de transformar este sector en algo más que un servicio de intermediación de el alquiler o adquisición de los inmuebles. Si trasladamos el mismo modelo de negocio a lo que realiza una marca tecnológica como Apple, sería completamente inviable. Imaginemos qué podría suceder tras la compra de un iPhone que nunca se actualizase y que no evolucionase. Nada más lejos de la realidad, puesto que la compañía genera ingresos procedentes de su tienda de música iTunes, de la venta de libros electrónicos o de la descarga de aplicaciones de su AppStore.

Pero en nuestro sector, cuando decidimos buscar la excelencia, creamos clubs inmobiliarios. Orgullosos de aportar un valor añadido para competir, negociamos precios ventajosos para nuestros clientes y ponemos al alcance los servicios habituales: mobiliario, limpieza, alimentos, etc. Si usted necesita algo, estamos a su disposición, pídalo. Pero la vivienda que hemos vendido, a excepción de cubrir las garantías obligatorias, nos estorba. A partir de aquí es una posesión del cliente de la que ya nada queremos saber.

Administradores de fincas, certificadores energéticos, empresas especializadas en la rehabilitación de edificios, aseguradores y muchos otros profesionales nos han demostrado todo este tiempo que el sector es algo mucho más grande que construir y vender. ¿Dónde está el recorrido de mejora de una vivienda? Si hablamos de la financiación, ¿por qué la dejamos a merced del cliente toda su vida? Si nos referimos a los suministros y servicios que se usan cada día, ¿por qué no los optimizamos continuamente para mejorar su satisfacción? Y si nos preocupase la calidad de vida de nuestro cliente, ¿por qué no le ayudamos a mejorarla?

No hablamos de reinventarnos, sino de profesionalizarnos. No hablamos de construir y vender mejor, sino de aprovechar la vida útil del producto y la de nuestro cliente. No hablamos de operaciones, sino de rendimiento y diversificación. No estaríamos innovando, sino practicando inteligencia empresarial. Denominaciones como la de promotor y comercializador no son más que actividades acotadas, no sustentables, procedentes de una decadente industria que no supo transformar el día a día en un sector saludable al servicio de sus clientes.

Autor: David Cánovas
Editor: Ana Mª Hita Velasco

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