El peor proyecto, es el que nunca se empieza.

Cuando tenemos una idea que nos motiva imaginamos rápidamente como llegaría a ser y que resultados tendremos de verse cumplida, se convierte en un propósito: un objetivo. Pero la idea, la iniciativa es una proyección de futuro, y la realidad es, que hay que trabajar con disciplina y perseverancia para tranformar aquello «que debería ser» en una realidad.

Pero cuando vamos a transformar la iniciativa (generalmente) los proyectos se quedan por el camino, unas veces por falta de tiempo (o interés), otras por la dificultad de su implantación, por el camino van surgiendo obstáculos que van minando la voluntad de los líderes, y otros sencillamente no comienzan y se atascan en sus planteamientos y desarrollos interminables.

Como decía un viejo compañero profesional, cuya idea comparto hasta hoy: «el peor proyecto es el que nunca se empieza«.

Hoy en día las organizaciones tienen que ser mucho más sensibles al cambio, más agiles en el aprovechamiento de las oportunidades y más eficientes en la puesta en marcha de sus iniciativas.

Pero para poner en marcha un proyecto, hay muchas teorias ¿verdad?, hay que montar un business plan, con una valoración de negocio, objetivos, maquetación y un montón de cosas mas y la realidad es que cuando se va a poner en marcha, se ha convertido en una gran bola de comida inmasticable y fría que ya nadie quiere emprender.

Un proyecto se tiende a engordar de teorías cuando no se tiene claro cual es su propósito de negocio.

«La simplicidad es el logro final. Después de que uno haya jugado con una cantidad grande de notas, es la simplicidad que emerge como una recompensa del arte.» Frédéric Chopin

  1. Que quiero conseguir, cual es mi objetivo: «Llegar a la montaña«.
  2. Cual es el desafío que tengo que resolver: «Cruzar el caudaloso río que se interpone entre la montaña y yo«.
  3. Cómo vamos a superar el desafío: «Construyecto una canoa para cruzar el rio«.
  4. Que recursos voy a necesitar: «un boceto del diseño, madera, clavos, herramientas y un equipo de 3 personas para montarla«.
  5. Cuanto tiempo creo que voy a tener que emplear para llegar a la montaña: «1 semana«.
  6. Resultado: Que negocio me espera cuando llegue a la montaña con éxito – (menos) lo que tengo que invertir para conseguirlo = Decido si sigo adelante o no.

No puede ser tan simple ¿verdad? o quizás si, sólo es un ejemplo a nivel personal, está demostrado que dar un paso adelante conlleva encontrarse nuevos obstáculos, en muchos casos imprevistos, pero hay que resolverlos y seguir adelante, por que forma parte de la acción.

Como decía Morpheo en Matrix: «No es lo mismo conocer el camino, que andar el camino.»

El verdadero reto reside en simplificar un proyecto en pequeños pedazos comestibles y comenzar a andar en cada uno de ellos. Si solo para explicar que quiero conseguir con un proyecto necesito más de un párrafo con 3 o 4 lineas, significa que ya he fracasado, por que no tengo del todo claro que es lo que pretendo conseguir.

Tenemos una visión y en seguida queremos añadirle extras que la mayoría de las veces sólo lastran los proyectos, unas veces por que pensamos que no puede ser tan simple, otras por que pretendemos dar más valor, o incluso por que tenemos que demostrar que lo tenemos todo controlado o queremos justificar nuestro trabajo ante nuestros jefes o profesores, sin embargo, sin acción, cada día es una oportunidad perdida para implantar mejoras y nuevos modelos de negocio que la competencia nos arrebata:

«El primero recibe la ostra, el segundo la concha» Andrew Carnegie.

Proyecto = teoría

Acción = práctica

La mejor forma de que un proyecto salga adelante es que vayan de la mano:
«Da un paso adelante en la teoría: poniéndola en práctica.»

Autor: David Cánovas.

2 comentarios
  1. Lidia Llop
    Lidia Llop Dice:

    Tienes toda la razón David, hacemos complicado aquello que es sencillo. Llegar a la cima no es complicado, es constancia, asegurando un paso y luego otro, pasito a pasito y siempre con respeto, sin miedo, pero con respeto. Esto es lo que rige en la montaña para poder llegar a la cumbre siendo muy similar a lo que se deberíaa de hacer en la montaña rusa de nuestra vida. En mi blog ya digo «con mirar a la cima no se llega a ella, primero hay que empezar a caminar y seguro que es todo cuesta arriba. Pero una vez en ella, la perspectiva será magnífica»

  2. José
    José Dice:

    Buen post David.

    Yo también soy de los que piensan que hay que dividir primero para multiplicar después.

    Lo que ocurre muchas veces es que nos dejamos llevar por el entusiasmo del proyecto y añadimos esos extras que -como tú dices- acaban por ser un lastre.

    Un saludo!

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